de la U. Católica, está desarrollando un mapa solar del país que servirá de base para futuros proyectos de generación de energía. Fuente: El Mercurio Por: Gabriela Bade En Alemania están las más grandes plantas de energía solar del mundo y la radiación que captan no es mejor que lo que en Chile se puede lograr en Coyhaique o Punta Arenas. En el norte chileno, en cambio, desde Arica a La Serena, el cielo es tan limpio de nubes y humedad, que la radiación solar es la más alta del mundo. Así lo explica Rodrigo Escobar, director del magíster en Ingeniería de la Energía de la Universidad Católica y líder del proyecto que recibió un Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) de Conicyt para hacer un mapa de la radiación solar en el país. "La atmósfera, que es una capa de aire con un montón de elementos, atenúa la radiación solar. En el desierto se dan condiciones muy particulares en que no hay nubes, ni humedad. Tienes los cielos más limpios del planeta y llega mucha radiación a la superficie", agrega. Imágenes satelitales Escobar explica que no existen mediciones recientes, y las que hay no dan información certera que permita, por ejemplo, construir plantas solares, previo cálculo de la energía eléctrica que serían capaces de generar. "Este proyecto va a mapear por primera vez el territorio completo de Chile. Podrá entregar datos confiables para poner plantas minimizando riesgos financieros", explica el profesor. Ese es el origen del proyecto que postuló al Fondef. Encontrar información certera de cara a los inversionistas. Y la manera de lograrlo es a través de la creación de un método que, a través del procesamiento de imágenes satelitales, permita estimar la atenuación de radiación, desde que está fuera de la atmósfera hasta que la traspasa y llega a la superficie. Un avance preliminar del proyecto fue la creación de un mapa general de radiación. "Así, un día claro sin nubes en el desierto permite que la radiación pase a través de la atmósfera con mínimos cambios. Un día nublado con lluvia no la deja pasar, por lo que su valor es menor", explica Escobar. La estimación satelital usa parámetros climáticos (temperatura, humedad, visibilidad, altura) al procesar imágenes satelitales en canal visible e infrarrojo. De esta forma detecta las nubes, los perfiles de aerosoles en la atmósfera, el vapor de agua, ozono, y entrega una estimación de la radiación en la superficie. Estos datos, además, se comparan con 11 estaciones solarimétricas terrestres (instrumentos que miden la radiación en la superficie) que se están instalando en todo Chile. Según Escobar, las potencialidades que ofrece esta forma de generar energía eléctrica son muchas, aunque el costo inicial sea alto. "Pero con los precios que están pagando las mineras en Chile por la electricidad ya se pagarían los paneles solares. Estamos en un punto en donde los paneles solares empiezan a ser competitivos, por lo que hacia el futuro esta energía se proyecta más barata que la termoeléctrica", continúa. Aunque actualmente las plantas solares pueden generar energía eléctrica en cantidades menores, Escobar cuenta que ya hay una planta que es capaz de generar 280 megawatts. En Chile las que hay son de un máximo de 50. Para tener una idea, se necesitan dos hectáreas de paneles solares para generar un megawatt. "En el norte deberíamos llenar de plantas solares, porque Chile puede convertirse en el principal productor de electricidad solar del mundo sin ningún problema". |
Las microalgas marinas se han convertido, por su capacidad para retirar CO2 de la atmósfera, en un arma para luchar contra el cambio climático, una aplicación que, entre otras, como la acuicultura o la farmacia, se investiga en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC). Este centro, ubicado en Cádiz, sur de España, acoge la mayor colección de microalgas en ese país, con más de 300 cepas, tanto autóctonas como foráneas, según ha explicó su directora, María del Carmen Sarasquete. Las microalgas son fundamentales en el estudio del cambio climático, ya que son un elemento amortiguador de la acumulación del CO2 atmosférico. Se trata de microorganismos aislados del fitoplancton (primer eslabón de la cadena trófica), que generalmente se conservan en cultivo, y se utilizan para estudios en laboratorio o aplicaciones biotecnológicas de provecho para el hombre. Como cualquier organismo fotosintético, las microalgas retiran CO2 de la atmósfera produciendo oxígeno, lo que tiene grandes aplicaciones en la investigación para la protección del medioambiente y la búsqueda de nuevas formas de energía como el biodiesel. Según el Diario de León, también tiene aplicaciones en medicina, cosmética y alimentación, entre otros muchos ámbitos, ha añadido por su parte, la investigadora Ana García, quien realiza en el ICMAN una tesis doctoral sobre la aplicación de las microalgas para el cambio climático. Su investigación se basa en un fotobiorreactor para crear la mayor biomasa posible a partir de microalgas de varias cepas en distintas condiciones de luz para que incorporen la cantidad máxima de CO2. Alrededor de una semana es el tiempo aproximado para que las microalgas cultivadas en el laboratorio se conviertan en sustento para los organismos ubicados en el peldaño siguiente de la cadena trófica, el zooplancton. El cultivo en laboratorio del fitoplancton como sustento del zooplancton abre importantes vías también en la investigación para la búsqueda de soluciones al problema de la sobrepesca en el mundo. Con ese objetivo, el ICMAN, un centro pionero a nivel mundial en reproducción artificial y cultivo de peces, "desarrolla en sus instalaciones experimentos para simular las condiciones del océano", según ha explicado Sarasquete. Estas técnicas garantizan una seguridad absoluta en el consumo de estos animales, dado que son obligatorios los controles exhaustivos por ley, ha precisado la directora del centro, que estima que hoy en día entre el 60 y el 70 por ciento del pescado que se consume procede de acuicultura. |


